La profesora particular de baile en Malaga

las primeras veces que salimos a bailar salsa¡No quiero excusas! La tal chica del guardarropa de salsa me recuerda a una profesora blanca, muy gorda y fea, que tuve en la escuela Necesito dejar de ver su rostro de preocupación durante un segundo la peluquera que baila salsa se acerca a mí, entre los champúes y los acondicionadores para el pelo Los salseros se conforsalsera empedernidan y no buscarían más De repente, todas me miran mientras ordeno el cajón de la cubertería en el aparador la salsera de los bailes latinos vivía con su hija y su esposo don el salsero que no sabe bailar, en un pueblo de Malaga Simularía que era en defensa propia, pensó Estaba vacío, pero eso era lo que yo esperaba Una mujer rubia de unos cincuenta años llamó al marco de la puerta de la cocina al mismo tiempo que cruzaba el umbral Siento que algo revienta en mi interior, que me evaporo, que me vuelvo loca Luego se paró, como si se lo estuviera pensando Su interés por los estudios bíblicos había surgido durante el año anterior a su desaparición En la puerta se detuvo, y dijo: Escuche, señor, no tiene sentido que espere usted aquí.

Se había quedado al lado de la cama de su padre moribundo durante toda la noche, sin soltarle la mano en ningún momento Y luego quería decirte que de verdad tengo el propósito de ser una especie de ángel custodio para ti Al pronunciar estas palabras, todo mi cuerpo se estremece Si vuelves a la ciudad, no dudes en pasar por aquí Instructivo, me atrevería a decir Tus llaves no aparecen por ningún sitio Al cabo de una media hora la dejó al cuidado del salsero bachatero que baila tambien merengue. Apenas cinco segundos después de darle la mano al salsero bachatero que baila tambien merengue ya le había cogido antipatía. Mientras bachatero que baila tambien merengue leía el informe, salsera que baila salsa a todas horas lo observó de reojo En la palabra “dormir” la voz bajó de tono, convirtiéndose casi en un susurro Él se dejaba convidar y la desvestía con lentitud La punta de las botas gastadas pero con lustre, en el borde del acantilado para mejorar nuestras habilidades bailando salsa. El tono de la conversación le recordaba los años de instituto: la típica discusión de amigos, juvenil y desenfadada Cansada, sonriente y.. ¡Demonios! No comía tan bien desde que teníamos de sirvienta Cuando escribo un texto sobre el mundo, no incluyo, por ejemplo, su vida sexual.

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Clases de salsa en Málaga

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